Que es cáncer de páncreas

El adenocarcinoma pancreático (PDAC) es la cuarta causa de muerte por cáncer en todo el mundo. Aunque su incidencia no es la más alta, la morbilidad y la elevada tasa de mortalidad hace que sea una de las formas más letales de cáncer, ya que sólo el 7,2 por ciento de los pacientes sobreviven más allá de 5 años después del diagnóstico inicial. De hecho, mientras que para otros tipos de cáncer se ha producido una disminución constante de las tasas de incidencia y mortalidad, en el caso del cáncer de páncreas, los nuevos diagnósticos y las tasas de muertes han aumentado, en promedio, 0,8% y 0,4% anual, respectivamente. Estos datos indican que no estamos ganando la batalla contra esta enfermedad mortal. Una característica del cáncer de páncreas, y al mismo tiempo un hecho de gravedad, es la gran capacidad de este tumor para diseminarse (metástasis) a otros órganos como el hígado, disminuyendo significativamente las posibilidades de curación, incluso utilizando los tratamientos más agresivos. De hecho, en muchos casos, cuando se detecta por primera vez el tumor primario, ya se ha extendido y por ello no pueden ser eliminados. Los pacientes cuya enfermedad se detecta en una etapa temprana, sin embargo, tienen una mejor oportunidad de supervivencia a largo plazo. Además, y por desgracia, la mayoría de los pacientes no muestran signos patológicos evidentes durante las primeras etapas de desarrollo del tumor. Por lo tanto, hay una necesidad urgente de desarrollar nuevos marcadores que puedan detectar el cáncer de páncreas en sus primeras etapas, especialmente en pacientes de alto riesgo, como los que tienen antecedentes familiares de cáncer de páncreas, aquellos que sufren de pancreatitis crónica o aquellos que tienen otros factores de riesgo asociados.

El adenocarcinoma de páncreas tampoco se ha beneficiado de los avances de la medicina personalizada dirigida que si han podido aplicarse a otros tipos de tumores. De hecho, el cáncer de páncreas se trata hoy prácticamente de la misma manera que se trataba hace diez o incluso veinte años. La gemcitabina, un fármaco que se incorpora en el ADN de las células cancerosas y ha probado detener el crecimiento de células de cáncer en sistemas experimentales, ha sido el principal agente terapéutico usado durante muchos años en este contexto tumoral. Por desgracia, el tratamiento con gemcitabina solamente aumenta la supervivencia en unas pocas semanas. Más recientemente Grupos de Investigación Clínica en Oncología demostraron la extensión de la supervivencia media de los pacientes PDAC de 6.7 a 8.5 meses mediante la combinación de gemcitabina con Nab-paclitaxel, una nueva formulación del paclitaxel que es un quimioterapéutico clásico. Aunque se considera un gran avance para el tratamiento del cáncer de páncreas ese aumento de supervivencia, la realidad es que los pacientes merecen mejores tratamientos que deriven de investigaciones destinadas a encontrar medicamentos mejores y más eficaces para tratar PDAC.

¿Por qué la comunidad científica no logrado avances significativos para tratar el adenocarcinoma de páncreas? Esta falta de progreso contrasta con los avances que han tenido lugar en nuestra comprensión de los acontecimientos básicos que son responsables de esta enfermedad mortal. Por ejemplo, conocemos los cambios histológicos asociados all desarrollo temprano PDAC. También conocemos los eventos moleculares que impulsan el desarrollo inicial del PDAC. De hecho, la utilización de secuenciación masiva de nueva generación, una tecnología desarrollada para secuenciar el genoma humano en el cambio de siglo ha permitido identificar cada mutación en estos tumores y estos estudios han revelado que las células tumorales pancreáticas acumulan de 50 a 80 mutaciones diferentes que afectan al menos doce actividades celulares diferentes, la mayoría de los cuales son esenciales para nuestras células normales. Por lo tanto, la manipulación de ellos sin afectar a las células normales no va a ser una tarea fácil. Además, también hemos caracterizado que estos tumores son extremadamente heterogéneos, y están compuestos de muchas otras células, tales como nuestros propios fibroblastos y macrófagos, que trabajan en conjunto para crear un microambiente tumoral complejo y dinámico. Por último y quizás más relevante, en la última década hemos descubierto que PDAC también contiene una subpoblación de células cancerosas que son extremadamente resistentes a la terapia y que son responsables de la recaída del tumor. Estas células se han denominado células madre del cáncer (CSC), ya que son muy similares a nuestras propias células madre, y como tales están en lo alto de la jerarquía del tumor. Desde una perspectiva clínica, hasta que no seamos capaces de caracterizar específicamente y eliminar estas CSC, hay pocas esperanzas de curar PDAC.

Afortunadamente, hace diez años, se hizo posible modelar el PDAC humano en ratones, con bastante grado de homología. Estos modelos recapitulan fielmente la historia natural de los tumores humanos, así como sus eventos mutacionales precisos, incluyendo el desarrollo de su microambiente tumoral característico. De hecho, los patólogos expertos no pueden distinguir entre lesiones tumorales humanas y de roedores. Estos modelos de ratones genéticamente modificados (o gemas) están permitiendo a los científicos entender mejor los mecanismos moleculares implicados en la progresión tumoral y también utilizarlos para desarrollar nuevas estrategias terapéuticas en ensayos preclínicos. Estos modelos también pueden ser utilizados para validar los marcadores moleculares que pueden servir para identificar las primeras etapas de la enfermedad. Estos marcadores pueden tener gran utilidad clínica en los programas de prevención para los pacientes de alto riesgo.

Por último, durante los últimos años los científicos han sido capaces de crecer los tumores humanos frescos, incluso PDAC, en ciertas cepas de ratones. Esta tecnología, conocida como xenoinjertos derivados del paciente (PDX), ha abierto la puerta para probar nuevas estrategias terapéuticas en células tumorales humanas que mantienen la mayor parte de sus características primordiales. En algunos casos, estos modelos PDX se han utilizado para probar estrategias terapéuticas, que cuando son positiva, se han aplicado más tarde a los pacientes con resultados beneficiosos similares. Por desgracia, la corta supervivencia de los pacientes PDAC juega en contra de este tipo de estudios en términos prácticos. No obstante, estos modelos PDX representan la estrategia de pre-clínica definitiva antes de trasladar estrategias terapéuticas prometedoras a ensayos clínicos.

Huelga decir que el objetivo final de este proyecto coordinado de la AECC es utilizar todos los recientes avances en el conocimiento sobre el desarrollo del adenocarcinoma de páncreas, en herramientas de diagnóstico y en modelos animales para identificar estrategias útiles que beneficien a los pacientes, a nivel de diagnóstico y terapéuticos. El éxito final de esta propuesta se medirá por la identificación de moléculas diana que puedan ser inhibidas farmacológicamente, lo que resultaría en la modulación de las mismas en células tumorales y en células del microambiente tumoral, o de otras moléculas y factores por los que se establece comunicación entre las células cancerosas. También esperamos identificar nuevas dianas moleculares con potencial de diagnóstico o pronóstico. Creemos que el equipo de investigación que llevará a cabo este proyecto incluye algunos de los más prestigiosos grupos de investigación tanto a nivel de investigación pre-clínica (laboratorios Barbacid y Sainz) y clínica (Unidad Médica Carrato), no sólo en España sino también en el mundo. Esta colaboración y enfoque multidisciplinar asegura el resultado exitoso de esta propuesta, incluso teniendo en cuenta las dificultades inherentes a este tipo de tumor.

Más información:

1. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC)

2. Asociación Cáncer de Páncreas (ACANPAN)

3. Pancreatic Cancer Europe

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